«Atrapados en el pasado» – REFLEXIÓN

«Atrapados en el pasado» – REFLEXIÓN

La herencia recibida ¿De dónde venimos? ¿Cómo hemos sido capaces de llegar hasta aquí? ¿Descendemos del mono?

La herencia que compartimos, que tanto valor tuvo en su momento, ahora se vuelve en nuestra contra, paradojas de la evolución.

No es que descendamos del mono, como peyorativamente se decía – más o menos en broma – hace unos cuantos años (Darwin era ridiculizado con esa idea), es que los grandes primates: gorilas, chimpancés, orangutanes, bonobos y nosotros tenemos antepasados comunes, el mismo origen.

Es increíble, somos capaces de crear “La Piedad” y el gas mostaza mientras nuestros familiares, muy lejanos, pero el parentesco sigue existiendo, permanecen en una situación primitiva viviendo sin comodidades y dedicando gran parte del día a alimentarse y a evitar situaciones peligrosas.

¿Qué ha hecho posible que evolucionáramos de forma tan dispar y, en nuestro caso, tan compleja?

Una de las respuestas es la alimentación, empezamos a comer grandes cantidades de calorías, y eso nos permitió, en combinación con otros factores, desarrollar nuestros potentísimos, lo son, aunque a veces no lo parezca, cerebros.

Comer deprisa, comer más de lo necesario, comer los alimentos más calóricos.

En un entorno muy difícil para obtener comida hubo tres características que nos permitieron sobrevivir, multiplicarnos y desarrollarnos, que ahora nos complican la existencia:

1-La inclinación a comer alimentos con muchas calorías (Entre unas patatas fritas y una patata asada la gran mayoría escogemos las primeras, si añadimos mantequilla o aceite de oliva virgen o crema a la segunda empiezan las dudas; entre una magra pechuga de pollo y un entrecot con grasa entreverada la mayoría nos inclinamos, de forma natural, hacia el segundo)

2-La inclinación a comer más de lo necesario con el fin de almacenar grasa – vital para la supervivencia – para las épocas de escasez. Si hubiéramos sido unos tiquismiquis “Uff, ya no quiero más” no hubiéramos sido capaces de realizar el necesario, entonces, almacenamiento en forma de michelín, por eso la sensación de “estar lleno” aparece después de estarlo.

3-La capacidad de hacer mucho con poco combustible. Quemamos muy pocas calorías al hacer ejercicio, si hubiéramos quemado muchas calorías hubiéramos tenido que dedicar más tiempo a alimentarnos.

Fuimos – somos – agricultores, recolectores, artesanos, guerreros, viajeros, llevábamos una vida activa de forma natural, según algunas estimaciones caminábamos una media de 15 kilómetros al día.

La resistencia física, antes tan necesaria, sigue estando adormilada en casi todos nosotros por eso es tan sencillo – dejando al margen la pereza – despertarla y llevar una vida activa.

Lo que nos mantuvo vivos ahora nos mata, paradoja de la eficiencia y el bajo consumo.

Casi todo está diseñado para hacer el mínimo esfuerzo: escaleras mecánicas, ascensores, dirección asistida (menos mal), batidoras, se lo enviamos a casa, la proximidad entre paradas de autobús, los coches, las bicicletas con motor de ayuda.

Hoy en día tenemos una gran cantidad de calorías a nuestro alcance.

Cuando la comida era escasa para todo el mundo – no como ahora que pasan hambre una gran cantidad de personas, pero un porcentaje mucho menor que antes del total – los que eran “bajo consumo”, capaces de hacer mucho con pocas calorías, tenían muchas más opciones de sobrevivir que los que necesitaban más calorías para hacer el mismo trabajo.

Casi todos somos “bajo consumo”, podemos hacer mucho con poco gasto energético, eso, que fue una bendición, ahora, para los que tenemos acceso fácil y casi ilimitado a las calorías, nos mata.

Quemamos pocas calorías porque tenemos un diseño evolutivo de bajo consumo.

Llevamos en general una vida de mínima exigencia física.

Una combinación mortal para nuestra salud.


Artículo enviado por Rafa García Bango. Los artículos incluidos en esta sección, son Reflexiones de particularesMediterránea Fit, no se hace responsable de su contenido.

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