«La cultura del ansia»

Vivimos en unos tiempos, en los que parece que no tenemos tiempo para nada, …cuando el día en realidad, dura las misma 24 horas de siempre. Pero, es verdad que lo sentimos o vivimos cada vez más deprisa y con ansia. Queremos “rellenarlo” con más actividades y cuando llega el fin del día (en mi caso al menos), agradeceríamos haber tenido un par de horas más.

Desde hace ya un tiempo, tenemos a nuestra disposición toda una serie de productos que indudablemente nos hacen la vida más sencilla. Y, como casi todo en la vida, las comodidades, también tienen sus pros y contras.

La cultura del ansia en la alimentación

En relación con la alimentación, la cultura del ansia ha golpeado fuerte con productos de conveniencia, muchas veces ya preparados, para su consumo inmediato.

Sin lugar a dudas estas opciones de productos que nos encontramos en todos los supermercados nos vienen muy bien, ya que nos hacen sentir que “nos quitamos un problema de encima”: pensar en elaborar y cocinar la comida diaria.

 

A raíz de esto, surge mi primera reflexión:

Entendemos el proceso de elaboración como un problema, porque ocupa tiempo de nuestro ajetreado día. Un tiempo, que aparentemente nos parece mejor invertido en realizar “otras actividades” quizás más productivas. Además, tenemos a nuestro alcance, muchísimas opciones donde el producto ya está listo para su consumo… es decir; lo compro y me lo como.

Indudablemente, cuando preparamos la comida en casa, habiendo comprado los ingredientes, y realizando todo el proceso de elaboración, nuestra sensación hacia esa comida será diferente, y sentiremos que es parte nuestra, que la hemos personalizado.

Así que creo, que debemos pararnos un poco a pensar si el tiempo invertido en preparar nuestra comida, puede estar realmente mejor invertido en la realización de otra actividad.

Este tipo de preparados alimenticios además de contener ingredientes superfluos e incluso preferentemente a evitar (azúcares añadidos, sal añadida, grasas poco saludables, almidones o saborizantes), vienen protegidos por envases poco respetuosos con el medioambiente.

La verdad es que NO todos los alimentos procesados o preparados para su consumo inmediato son “no saludables”. Por ejemplo, los tarros de legumbres cocidas, son una opción genial de consumo para ahorrar tiempo. Pero, sí requieren por nuestra parte una atención a la etiqueta, para leer el listado de ingredientes, y una mayor transparencia informativa por parte de las empresas productoras.

Creo que la educación nutricional es básica para todas las personas, y una alimentación saludable, no debería ser considerada como un problema en ninguno de los pasos de la cadena alimentaria en la que tomamos parte: compra o consumo.

 

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Artículo enviado por Colaboradora. Los artículos incluidos en esta sección, son Reflexiones de particularesMediterránea Fit, no se hace responsable de su contenido.

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