Ojo al blanco

Los alimentos de los que vamos a hablar tienen un par de cosas en común. La primera, es su color blanco. En segundo lugar, se encuentra la repercusión que tienen en nuestra salud.

Hablamos en este artículo, del azúcar, la harina refinada y la sal. Todos ellos están relacionados con el desarrollo de algunas patologías como el sobrepeso, obesidad, diabetes y/o hipertensión arterial entre otras.

 


AZÚCAR BLANCO (Y NO TAN BLANCO)

Tal y como apuntábamos en nuestro artículo: Fruta y zumo: ¿tienen el mismo azúcar? La Organización Mundial de la Salud (OMS) diferencia dos tipos de azúcares. Los azúcares libres (añadidos a alimentos o presentes de forma natural en la miel, los jarabes, los jugos de fruta…) y los azúcares intrínsecos de la fruta, verduras o lácteos. El primer grupo; el de los azúcares libres, está relacionado con el riesgo de desarrollar diferentes enfermedades y aunque su consumo no debe ser mayor de 25g/día en la dieta adulta, la realidad es que dicha cantidad se supera con creces.

La sacarosa o azúcar de mesa está formado por una molécula de fructosa y otra de glucosa. Se encuentra en alimentos con bajo valor nutricional, relacionados con la alteración del patrón de hambre-saciedad y diferentes enfermedades.

A pesar de que el azúcar moreno o integral tenga un color más parduzco, se trata de azúcar. El color del azúcar no lo hace ni mejor ni peor, su diferencia está en la forma de extracción y no en su composición.

Debemos tener especial cuidado con el azúcar añadido. No solo con el que agregamos nosotros mismos a dulces, salsas o bebidas. Si no con aquel azúcar que incorporan alimentos precocinados. A éste último lo denominamos «azúcar invisible» y podemos encontrarlo en el pan de molde o incluso en las pizzas.


HARINA BLANCA

La harina blanca o refinada se obtiene a partir de cereales integrales a los que se les ha quitado la capa protectora exterior denominada salvado y el núcleo llamado germen. En el salvado se encuentra la mayor concentración de fibra y en el germen la mayor cantidad de vitaminas y ácidos grasos (omega 3).

Al deshacernos de estas dos partes características del grano integral, conseguimos granos refinados ricos en almidón. El salvado y el germen le proporcionan al grano unas interesantes características nutricionales y cuando las retiramos las perdemos. Por lo tanto, de una materia prima nutricionalmente interesante, logramos un producto procesado más pobre.

Además, la fibra que contienen los cereales integrales es muy interesante tanto para la digestión como para la regulación de los niveles de glucosa sanguíneos. Puesto que, gracias a ésta, la absorción de los azúcares es más lenta y el control de la glucemia se realiza mejor.  

Por lo tanto, los derivados de los cereales (pan, pasta, …) adoptan la característica del tipo de cereal que se haya empleado para su elaboración: integral o refinado, así como la proporción de grano o harina integral que se haya utilizado. Para que un pan integral sea interesante el porcentaje de harina integral debería superar el 70%.


SAL

Al igual que ocurre con el azúcar invisible, la sal aparece en muchos preparados de manera oculta. Su presencia es elevada en comida procesada y generalmente viene acompañada de ingredientes poco saludables. A pesar de que la ingesta diaria no debe superar los 5 gramos, la realidad muestra de media un consumo superior.  

La mayor cantidad de sal que ingerimos no viene del salero si no que está oculto en diferentes preparados alimenticios. Según la OMS, la mayoría de las personas consumen dos veces la ingesta máxima recomendada de sal (entre 9 y 12 gramos por día de promedio).

La sal es la principal fuente de sodio y el aumento del consumo de éste está relacionado con un mayor riesgo de padecer cardiopatías y accidentes cerebrovasculares. Por lo tanto, la reducción en la ingesta de productos procesados, dónde encontramos la mayor cantidad de sal que ingerimos, es la pieza a tener en cuenta para disminuir el riesgo de padecer esas enfermedades.


PREVENCIÓN DE ENFERMEDADES

La mejor prevención de las enfermedades mencionadas comienza con la alimentación saludable. En Mediterránea Fit (accede a la plataforma gratuita pinchando aquí) priorizamos los alimentos reales como las verduras, hortalizas, fruta, proteínas de calidad, grasas saludables y cereales integrales, entre otros. Además, defendemos que la práctica de ejercicio físico es indispensable para la prevención de diferentes patologías.

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