Qué comer cuando gastamos menos energía

Qué comer cuando gastamos menos energía

El metabolismo basal es la energía que nuestro cuerpo necesita simplemente para vivir. Para saber cuánta energía debemos ingerir, tenemos que calcular el gasto energético. Es decir, la energía que nuestro cuerpo necesita para vivir, más la energía que gasta realizando diferentes actividades. Gasto energético = gasto energía para vivir + gasto de energía para actividades.

La cantidad de energía en forma de kilocalorías que ingerimos debería ir acorde con la energía que gastamos. Así pues, una persona sedentaria no tiene los mismos requerimientos energéticos que un deportista de élite. Además, una misma persona puede tener diferentes necesidades energéticas dependiendo de la etapa que esté viviendo.

Durante el año, una misma persona puede tener épocas más y menos activas. Las fechas estivales, son uno de los momentos anuales en los que intentamos desconectar del ritmo y la rutina anual. En verano, nuestros hábitos suelen cambiar, al menos de forma temporal y por lo tanto la manera en la que nos alimentamos también puede verse alterada.

 

Tenemos que entender el gasto energético y la cantidad de energía que ingerimos como una balanza en la que pueden darse tres situaciones:

  • a) Cuando comemos lo mismo que gastamos, mantenemos nuestro peso.
  • b) Cuando comemos más de lo que gastamos, el exceso de kilocalorías se traduce en aumento de peso.
  • c) Cuando comemos menos de lo que gastamos, perdemos masa.


Adaptar nuestra alimentación en verano

 

Es posible disfrutar de estos días de vacaciones sin dejar completamente de lado los hábitos a los que estamos acostumbrados. Eso, por supuesto no significará que no podamos desconectar, probar nuevos alimentos e incluso dediquemos algo más de tiempo al descanso. 

Desde Mediterránea Fit, te animamos a disfrutar de tus vacaciones, a que aproveches al máximo los días y a que valores el día a día y tu salud. 

Te dejamos además unos consejos nutricionales para disfrutar al máximo y cuidarte en todos los aspectos de la salud (incluida la salud social y la emocional).

1.       Basa tu alimentación en comida de calidad.  Comida limpia y alimentos reales, lo menos procesados posibles. En la medida posible intenta añadir unos puñados de verduras a cada comida. Recuerda que los vegetales congelados apenas se diferencian de los frescos en cuanto a nutrientes. Es cierto, que su textura puede variar dependiendo de las preparaciones que hagas.

2.      Ten a mano vegetales embotados como: menestras, espárragos, tomate triturado, alcachofas, … Los procesados saludables serán nuestros aliados los días que no tengamos tiempo de cocinar (Ver: Procesados saludables básicos en una despensa).

 3.       Escucha a tu cuerpo. Nuestro cuerpo nos manda señales cuando tenemos sed y hambre. Con las prisas de la rutina diaria dejamos de prestarles atención y comemos siguiendo horarios diferentes. Es una buena oportunidad para escuchar si el hambre que se nos manifiesta es real o por el contrario emocional. ¿Tienes deseo por un alimento en concreto? ¿Debes comerlo ahora mismo? ¿Sientes malestar emocional una vez lo comes? Si la respuesta a estas preguntas es sí, tu hambre es de carácter de gestión emocional. Para gestionarlo intenta averiguar qué es lo que te ha llevado a tener el impulso por dicho alimento. La alimentación es emocional, y eso no es malo, para nada. Pero, a menudo utilizamos la vía de la alimentación para gestionar alguna otra emoción. De ser así, te recomendamos que atajes a la emoción por la raíz. 

4.       Mantén los horarios de comidas, así como las de los almuerzos y meriendas. Es importante intentar seguir los mismos horarios que antes. Si es el aburrimiento quién te impide seguir los horarios, mantente activa/o: lee, baila, haz ejercicio, cocina, escribe, dibuja, canta, conversa, medita, … y aprovecha para preparar nuevas recetas y probar nuevas técnicas culinarias. 

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