¿Por qué sentimos placer al comer?

¿Por qué sentimos placer al comer?

Comer es placer.  A veces, comer es presencia de placer y en otros casos ausencia de éste. Hay quienes disfrutan de la comida, para quiénes comer: es placer,  pero también hay personas que experimentan la sensación opuesta.

En el caso de hoy, vamos a centrarnos en el primer grupo, los que encuentran en la alimentación disfrute.  Vamos a comprender  qué hay detrás de esos momentos puntuales en los que sentimos gran atracción por un determinado alimento.

En realidad hay una respuesta fisiológica. Nuestro organismo, nuestro cerebro en concreto, se encarga de la liberación de una sustancia llamada dopamina, especialmente cuando ingerimos algunos tipos de alimentos (sobre todo los más azucarados, los ricos en grasas y salados). Este es el principal motivo por el que sentimos un placer, corto en el tiempo pero intenso.

Hay diversas vías para activar la liberación de dopamina. Esta hormona, es la  que se encarga de que llevemos a cabo ciertas acciones que nos acercarán al placer o recompensa. Entre ellas encontramos: la práctica del ejercicio físico, la meditación, la música, las relaciones afectivas, … y un largo etcétera, puesto que el placer es una sensación o sentimiento propio e individual.

Así que hay tantos placeres como personas en el mundo. Uno de los más frecuentes es el placer que producen ciertos alimentos.

Si nos sigues desde hace tiempo, seguro que te sonará lo que mencionamos habitualmente de que la alimentación tiene un gran poder holístico y emocional, que va más allá del simple hecho de meter un bocado de alimento a la boca. Desde que somos pequeños, asignamos ciertas emociones a los alimentos. Además, en muchos casos, hemos utilizado la comida como gestión de diferentes emociones (miedo, tristeza, angustia, felicidad…). Por lo que, a pesar de que pensamos que podemos llevar una elección de alimentos 100% racional, la realidad es que el componente emocional juega un papel muy importante.

¿Alguna vez has caminado por la calle y te ha llegado el olor de un obrador o pastelería? ¿Te has parado a pensar las sensaciones y emociones que te transmite ese olor? Y… ¿alguna vez has dudado de si parar y entrar pan, un bollo o cualquier otro producto de estos establecimientos?

Es posible, (muy posible en realidad) que, en esos casos, te haya entrado una sensación de deseo o antojo, que debes saciar cuanto antes. De hecho, al no cumplir tal deseo, podríamos hasta frustrarnos.

Si en alguno de estos casos, has pensado incluso que no eres lo suficientemente fuerte o que no tienes la suficiente fuerza de voluntad para dejar atrás ese deseo o antojo… Queremos transmitirte que es completamente normal la reacción que has tenido frente a esos alimentos.

Cuando visualizamos u olemos el aroma de estos alimentos, nuestro cerebro libera una cascada de dopamina que nos hace querer adquirir la fuente de placer lo antes posible. Cuando por fin lo tenemos entre nuestras manos y le damos un bocado, vuelve a liberarse una gran cantidad de dopamina que nos genera una sensación intensa de placer. Hay casos en los que somos conscientes de que no es la mejor elección de alimento que podríamos escoger, pero, ahí toman posición diferentes argumentos y justificaciones que colaborarán en que, en el menor tiempo posible, la fuente de placer llegue a tus manos. Algunos ejemplos son: “mañana empiezo a cuidarme”, “hoy me lo merezco “, “por un día no pasa nada”, “hace muchísimo que no comía uno de esos”…

Junto con la dopamina, forman parte del proceso de conseguir placer otro tipo de sustancias como los opioides y la serotonina. Su trabajo será que el nivel y la frecuencia en la que sentimos placer, sea lo más grande y extenso posible. Además, con el tiempo, necesitará estímulos más y más grandes para conseguir el mismo efecto.

Así, es normal que sientas que cada vez necesitas tomar este tipo de alimentos con mayor frecuencia y en mayor cantidad.

 

Para terminar, aprovechamos para recordar que a pesar de que los procesos que hemos mencionado tienen un gran componente fisiológico y emocional, es necesario trabajar para conseguir una buena relación con la comida y que en el caso de que sientas que la comida se ha convertido en una manera de canalizar tus emociones, cuentes con profesionales de la salud (del ámbito de la nutrición y la psicología) que te ayudarán y guiarán a trabajar la relación saludable con los alimentos.

 

 

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