Situaciones indigestas: digestión y emociones

Situaciones indigestas: digestión y emociones

El equipo de Mediterránea Fit te traemos un tema que nos parece muy importante: digesión y emociones, y es que los órganos implicados en el proceso digestivo están conectados con nuestro cerebro, y por lo tanto con nuestras emociones. Es por ello que hay temas que “se nos atragantan” y situaciones “ indigestas ”. Además, la manera en la que canalizamos y sobrellevamos nuestras emociones tienen un reflejo directo en nuestra digestión.

Las molestias digestivas como: ardor de estómago, reflujo gastrointestinal o el estreñimiento (entre otros muchos) a menudo tienen su manifestación por factores emocionales. Entre ellos encontramos el estrés, el nerviosismo, la frustración o el cambio de rutina, por ejemplo. Es por ello, que en ocasiones nos cuesta ir al baño, o por el contrario tenemos más necesidad de ir de lo normal. Al igual que, con diferentes situaciones “se nos cierra el estómago” y en otras nos inunda un apetito mayor del que solemos sentir.

Tal y como hemos comentado, el sistema digestivo funciona de la mano del sistema nervioso y es por ello que es muy sensible a los factores emocionales.

El aparato digestivo tiene una importancia esencial ya que nos permite asimilar los nutrientes de los alimentos y eliminar lo que no nos es útil.

En Mediterránea Fit, solemos decir que comer es un proceso en el que abarcamos los diferentes sentidos. ¿Nunca has oído que comes por los ojos? Así, es, y no solo cuando miramos el alimento antes de hincarle el diente, si no la manera en la que se nos presenta. Desde el recipiente en el que viene envasado (o no) hasta el trozo que hemos cortado para degustar.

Por otro lado, el olfato no se queda atrás, y es que estamos seguras de que cuando tienes la nariz congestionada, los alimentos parece que no te saben a nada. O, que cuando hueles una comida, aunque sea por primera vez, te transporta a experiencias que viviste en el pasado como: comer en casa de tus abuelos, las comidas de verano en la playa…

La textura de los alimentos es también esencial a la hora de tener la iniciativa de comerlos o no. Por una parte, la textura que sentimos con nuestras manos mediante el tacto y por otra la que sentimos una vez damos el mordisco. Con el gusto o sabor ocurre lo mismo, es fundamental para querer comer o no un alimento.

Aunque parezca surrealista, el oído es más importante de lo que pensamos en el proceso de comer. Ya que los sonidos “crocantes” o “crujientes” le dan la información a nuestro cerebro de que se trata de alimentos frescos como las hortalizas y vegetales. Pero, la industria de ultraprocesados, que sabe muy bien lo importante que son estos sonidos, se ha encargado de que sus productos los interpreten a la perfección. Es por ello que las patatas fritas crujientes o las galletas crujientes tienen más éxito (entre otras cosas) que las reblandecidas.  

Por lo tanto, las emociones y los sentidos juegan un papel fundamental en nuestro patrón de alimentación y por consiguiente en nuestra digestión. 


A continuación, te dejamos varios consejos para mejorar tu digestión:


1. Mastica bien. Parece algo obvio, pero está demostrado que una correcta masticación es más saciante ya que el alimento permanece más tiempo en la boca y al cerebro le llega correctamente la señal de saciedad (Echa un vistazo a nuestra entrada: Masticar bien para una correcta digestión).

2. Busca un entorno agradable y aléjate de las distracciones como la televisión o el teléfono móvil. Disfruta de los alimentos que estás comiendo, presta atención a sus sabores, textura, olores… Sé consciente de lo que estás disfrutando.

3. Corta la comida en pequeñas porciones para no atragantarte, por un lado, y para facilitar la digestión, por otra parte. En la masticación comienza la digestión, así pues, todo el trabajo que no hagamos al masticar, tendrá que darse en los próximos pasos del sistema digestivo.

4. Deja tiempo entre mordisco y mordisco. No hay prisa, disfruta del tiempo que le estás dedicando a tu alimentación, no apresures. Con las prisas lo único que conseguimos es no poder llevar a cabo las claves beneficiosas para la digestión que acabamos de mencionar.

5. Acompaña tu comida con agua. Si no te apetece beber mientras comes, no ocurre nada, pero es recomendable tener un vaso de agua cerca, puesto que a menudo confundimos la sensación de hambre con lo que realmente es sed.

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