«¡Qué suerte, qué cuerpo tienes!»

«¡Qué suerte, qué cuerpo tienes!»

Es verdad que en general, ni valoro ni agradezco a mi cuerpo su estado, porque lo normal para mí es que esté «sano» y es lo que entiendo como algo que debe ser así… sin más. No le doy más vueltas.

«Lo normal es tener un cuerpo sano»

En mi caso, gozo de buena salud, y lo agradezco, pero tengo en mi entorno a varias personas que sufren de diversas enfermedades, algunas graves y algunas crónicas o que se alargan en el tiempo.

Toda nuestra existencia, nuestro cuerpo nos ha acostumbrado a sentir de forma temporal alguna enfermedad, y por lo general una posterior recuperación. En estos momentos (durante la enfermedad y la recuperación) sí que somos plenamente conscientes de nuestro cuerpo.  Como consecuencia, sentimos un extraordinario agradecimiento en los momentos en los que nos empezamos a encontrar bien…. y qué bien se siente uno cuando está bien. ¿Y qué sentimos y agradecemos generalmente?  Por lo general, agradecemos que tenemos más fuerza y energía, que tenemos más ganas de hacer cosas y mejor actitud, que tenemos más apetito y que disfrutamos del olor y el sabor de las cosas, y… ¡es una sensación maravillosa!

«En la enfermedad y la recuperación, sentimos un agradecimiento cuando empezamos a encontrarnos bien»

Pero, poco dura esta sensación, porque una vez recuperados, enseguida pasamos a naturalizar nuestro estado saludable, y a volver a sentirlo como lo normal. Y volvemos a las mismas.

Sin embargo, cuando tenemos a alguien en nuestro entorno que sufre, nos recuerda el sentimiento de saber cómo nos sentimos cuando estamos enfermos. Nos abren los ojos, y nos hacen ver que la vida y la salud no son permanentes, sino temporales. Y nos gustaría ayudarles a recuperar su salud, además, lo antes posible. Buscamos las causas, que pasó, qué hice mal, por qué me pasa a mí. Y nos irrita terriblemente que nuestro cuerpo no funcione correctamente. Así, además de la enfermedad en sí misma, nos inunda una sensación de actitud crítica y ansiosa sobre el propio estado de nuestro cuerpo.

«Tener a alguien que sufre, nos recuerda que la vida y la salud no son permanentes, sino temporales»

Seguramente, si lo pensamos detenidamente, sí que nos demos cuenta de esta sensación «negativa» con la que consideramos a nuestro cuerpo. Pero nuestro cuerpo, siempre es consciente de lo que hacemos y sentimos hacia él. En ocasiones, cuando se siente abrumado o estresado, enciende alguna alarma, que en principio interpretamos como un “he vuelto a enfermar”. Sin embargo, si ahondamos algo más, nos damos cuenta que nuestro cuerpo simplemente nos está pidiendo una tregua, nos pide que paremos y que descansemos, que retomemos fuerzas. Como en todo lo que nos rodea, nuestro estado emocional es indispensable, y en la salud física, también, juega un papel fundamental.

«Nuestro cuerpo, siempre es consciente de lo que hacemos y sentimos hacia él»

Así, nuestro cuerpo, cuando está enfermo, necesita de ayuda, cariño y amor, más que un ansia, urgencia, o crítica, para su recuperación.  Busca momentos de reflexión para agradecer a tu cuerpo lo bien que está cuando está bien, lo bien que trabaja, aun cuando está en medio de un proceso de recuperación. Nuestro cuerpo realiza tareas maravillosas. ¿Alguna vez te has parado a enumerar todo lo que hace por ti? Párate un momento a reflexionar, aleja los pensamientos cargados de energía negativa, y agradécele a tu cuerpo por estar siempre ahí, sobre todo en las buenas, y en la normalidad. ¡Que suerte, qué cuerpo tienes!

 

Artículo enviado por Colaboradora. Los artículos incluidos en esta sección, son Reflexiones de particularesMediterránea Fit, no se hace responsable de su contenido.

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